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lunes, 23 de enero de 2012

Carta eleusina No. 12

Iván Rodrigo García Palacios
Carta eleusina No. 12
«En el siglo VI interviene un factor nuevo que transformará de modo decisivo la vida espiritual de Grecia, el llamado fenómeno dionisiaco ha sido estudiado en su aspecto artístico y religioso, y casi nunca se ha analizado su relación con toda la evolución espiritual griega. Con un término más filosófico se puede llamar misticismo a este movimiento. Mientras que hasta entonces el hombre miraba el mundo y se insertaba en él como una parte más, ahora se separa de todo, se vuelve hacia su propia interioridad y buscando en sí mismo encuentra allí el mundo y la divinidad. De este modo vemos coexistir en Grecia dos visiones del mundo antitéticas, política la una y mística la otra: del choque entre estas fuerzas nace el milagro de la filosofía griega. En nuestro estudio seguiremos esta distinción fundamental, desarrollándola y justificándola a partir de los textos de los presocráticos y de Platón» (Giorgio Colli, Filósofos sobrehumanos, Siruela).


Apreciado Lucilio, "te saludo"
Los Homo-Humanos somos materia que siente, se contempla, piensa y que al anhelar se hace humana.
Por paradójico que lo parezca, sentir es la propiedad esencial de la materia, hasta la más ínfima y la aun desconocida subpartícula de la materia, siente. Por lo tanto, no se puede decir que la materia es inerte, sólo que en ella se presentan grados de sentir.
Si se entiende sentir como la condición primordial de las primeras reacciones de la materia: reconocer, atraer y unirse, o rechazar y disgregarse, entonces, la materia siente y se trasforma y es, a partir de ese sentir y trasformarse, que el universo se ha formado desde su aparición hasta ahora.
Esa materia que siente, se ordena y se desordena para producir y destruir todo lo que existe en el universo, desde el primer átomo hasta el planeta tierra en donde la materia se ordenó en la materia viva o la materia de la vida se hizo carne, para sentirse, contemplarse, nombrarse a sí misma y, por el Gran Anhelo, humanizarse, se hizo espíritu.
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Las grandes palabras, los grandes conceptos, son sólo eso: grandes palabras, grandes conceptos.
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Y la carne se hizo verbo.
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Soy carne que se organiza y desorganiza, que siente y se siente, que imagina y se imagina, que piensa y se piensa, que anhela.
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¿Es el Ser lo que se dice de él o es el Ser lo que siento que soy?
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El enamoramiento es fuego, llama, "furor", que asciende de la carne al espíritu. El amor es "Luz" que desciende del espíritu a la carne.
El enamoramiento funde y fusiona la carne. El amor forma y modela el espíritu.
Somos y estamos en esa frontera entre la carne y el espíritu: bestias (Eros), ángeles (Apolo) y demonios (Dionisios).
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En el enamoramiento la amada es sólo una, la única.
En el amor se ama a la idea de mujer, es decir, a todas las mujeres.
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Los celos se producen cuando sentimos que la amada le da a otro lo que deseamos para nosotros.
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La expectativa del hombre frente a la mujer: ¿Cómo hago para verte "nueva" cada vez?
La expectativa de la mujer a los ojos del hombre: ¿Cómo hago para que me mires "nueva", siempre?
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La necesidad es la diosa de la vida. La voluntad es su virtud y el entusiasmo y el regocijo son sus manifestaciones.
La esperanza es la diosa de la carencia. La fe es su perversión y sus manifestaciones son la desilusión y el desespero.
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El Gran Anhelo es el inventor de dioses y del futuro.
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"El instante" es eterno, porque es único.
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Al buen padre se le imita. Al mal padre se le reproduce.
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¿Cómo lograr que la experiencia de mi sentir pueda ser expresada, compartida y conservada sin que se convierta en lenguaje?
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Aquello que no ha sido nombrado, existe, se experimenta, se comparte y se le convierte en nombre.
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Vivo en el mundo y puedo construirlo a mi tamaño, pero, de vez en cuando, debo regresar a la placenta para seguir viviendo.
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El diálogo es una manifestación del habla que a su vez es lenguaje.
No será la palabra la que exprese mi sentir. Entonces, ¿qué?
Hasta que la palabra se funda y confunda con mi sentir... Hasta que desparezcan las convenciones y nazca una sola convención: sentir placer o dolor: la experiencia mística, iniciática, incomunicable pero real.
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La ley de la materia: unirse para separarse en el eterno retorno de lo mismo.
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Leer es una actividad intelectual. La lectura es una "experiencia" existencial.
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Filosofar es pensar para vivir, viviendo lo pensado y no vivir para pensar.
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En fin... asuntos para seguir leyendo y escribiendo.
(Escribí para mí, para ti, para quien sea),
"Que sigas bien"
Iván Rodrigo García Palacios.

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